7 de septiembre de 2011

¡Ayúdame a mirar!







  Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
  Viajaron al sur.
  Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
  Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor que el niño quedó mudo de hermosura.
  Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre;
  - ¡Ayúdame a mirar!

La función del arte /1- Eduardo Galeano

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