18 de abril de 2013

pasillo

De repente me di cuenta que había dado con la habitación prohibida, que estaba a unos pocos centímetros del enigma, de la revelación, de la salvación, y que, sin embrago, quizá no iba a alcanzarla jamás. Supe que no podría vivir de verdad, liberado del infinito sufrimiento de mi vida, si no conseguía entrar, siquiera una vez en la habitación secreta.

Aunque hubiera sabido que, al abrir la puerta de golpe, explotarían simultáneamente mi cerebro, mi corazón y mi sexo, aun así habría entrado.

Cartarescu - Travesti

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